Elecciones libres y justas en los tiempos de Big Data e Inteligencia Artificial (Parte 1)

  • Intervención para VIII Foro de la Democracia Latinoamericana. “Desafíos de las Elecciones en tiempos de cambio: un panorama latinoamericano.

Los pilares para unas elecciones libres y justas son la transparencia, la igualdad y honestidad de las campañas electorales y el acceso a la información oportuna, que permita a los votantes tomar una decisión informada en el momento del voto, y llevar a cabo una fiscalización ciudadana constante, más allá de períodos electorales.

Cada uno de estos pilares está sufriendo cambios profundos derivados de las nuevas tecnologías, que no se reduce únicamente a las redes sociales y sus problemas obvios. El problema actual, opaco y desapercibido por la mayoría de autoridades electorales es el abuso en la recolección y análisis de de grandes bases de datos (big data) de los votantes latinoamericanos, en formas sofisticadas aumentadas con el poder computacional, así como la aplicación de psicometría y el desarrollo de inteligencia artificial que permite ya, y con bastante exactitud, predecir e influir en procesos electorales.

Con reglas bastante conservadoras, literales, redactadas en la más pura tradición positivista, los acelerados desarrollos tecno-sociales están dejando a los custodios y observadores de elecciones con más preguntas que respuestas.

Y es que las nuevas tecnologías presentan un reto a la transparencia y el acceso libre a información del proceso electoral, un importante número de votantes recibe la información a través de redes sociales como fuente primaria. Las redes sociales se han convertido en importantes filtros, intermediarios y aún actores directos involucrados tanto en la forma de acceso a información como espacios para nueva forma de propaganda electoral, presentando nuevos retos en auditorías simples en el pasado. ¿Cómo medir o probar que una el algoritmo de una red social está privilegiando cierto contenido o candidato sobre otro? De momento, y sin la voluntad política de estas compañías, es muy difícil de probar, casi imposible.

Las plataformas de redes sociales son cajas negras, con algoritmos secretos y protegidos por secretos industriales que dictan su comportamiento. No están sujetas a las antiguas reglas de ética y electorales que aplican a los periodistas y a los medios tradicionales de información y comunicación. Aún más, éstas son casi imposibles de regular o limitar desde nuestras jurisdicciones. En paralelo a ésto, dos votantes con perfiles casi idénticos tienen dietas mediáticas muy distintas, dos personas muy distintas tienen lecturas muy diferentes de idénticas situaciones políticas, como el proyecto Facebook Tracking Exposed demostró respecto de las elecciones de Francia. ¿Puede haber diálogo democrático si el contenido que recibimos sobre lo que nos rodea está constantemente reafirmando nuestras posturas y no leemos al otro lado?

Respecto de la honestidad de las elecciones, hay varios fenómenos importantes a considerar: La censura inversa a través de la inundación de información confusa en las redes y ataques ejecutados por bots políticos, un caso frecuente en México y que rápidamente se extiende por toda la región latinoamericana. Se calcula que existen 48 millones de bots en Twitter y otros muchos en Facebook, las malas prácticas de privacidad y ciberseguridad en la custodia de datos de los votantes, combinadas con la amplia colección de datos personales con propósitos comerciales ahora permiten a los partidos que pueden pagarlo, el uso sofisticado de varias bases de datos de votantes combinadas, aplicando técnicas psicométricas para manipulación a votantes.

Otros partidos y políticos, con menos recursos, simplemente reclutan “Net Centers” que ofrecen el servicio de personas que, pagadas, promueven campañas políticas, defienden al gobierno de turno de acusaciones y aún diseñan campañas de desprestigio a través de redes sociales, usando las tácticas ya descritas y amplificando mensajes, muchas veces sin fundamento, a través de las redes, así sepultando bajo la avalancha de desinformación, el discurso legítimo de los ciudadanos.

Las autoridades electorales han desarrollado reglas claras y precisas para los gastos electorales de ayer, así como para evitar el desarrollo de campañas anticipadas. Sin embargo, ahora el desarrollo de campaña y la mayor inversión que garantiza resultados superiores respecto de los rivales se hace ex ante. Aquel partido o candidato que puede pagarlo invertirá con antelación en sofisticadas bases de datos y plataformas de marketing político que les permitirán utilizar las redes sociales de manera mucho más efectiva que sus competidores. La inversión es aún mayor para aquellos partidos en contextos políticos polarizados, donde un giro de 1% puede hacer la diferencia.

Además, el tema de la injerencia de poderes paralelos, o de otros gobiernos en una elección muy polarizada puede llevarse a cabo en total opacidad, por cualquiera que puede pagarlo o que tenga acceso a los datos personales de los votantes.

El acceso a datos sensibles que tienen organizaciones como la Agencia de Seguridad Internacional (NSA) a través del programa PRISM y que reveló Edward Snowden, combinados con la estrecha colaboración que tienen compañías como Facebook o Twitter con el Departamento de Estado y Departamento de Defensa haría posible nuevas interferencias a la democracia, de manera casi imperceptible. Pero, con la relajada ciberseguridad de las autoridades de datos mismas, que cada año filtra millones de datos de votantes, combinado con la industria de data brokers que ya existe, no es lejana la posibilidad de que carteles o grupos paralelos puedan favorecerse de dichas técnicas de manipulación y predicción de colectivos.

La industria del mercadeo político en Latinoamérica y aquellas compañías que proveen servicios de análisis de datos y psicometría a partidos políticos en la región deben ser auditadas y sujetas a control por las autoridades electorales, para así mantener la justicia, la equidad y la ética tanto en el gasto como en las herramientas que se utilizan en una contienda electoral.

Una nueva era de observación electoral, nuevos mecanismos de participación democrática

La habilidad de conducir elecciones libres y justas enfrenta un nuevo e inmediato riesgo, que no es único de la región. Ésta amenaza llega en situaciones electorales polarizadas. Y existen dos caminos a tomar: o bien no se actúa, y se corre el riesgo de crisis que debilite la confianza y credibilidad de los procesos electorales, o bien se toman acciones de inmediato para adoptar buenas prácticas en el tema.

Las misiones electorales próximas ya no pueden ignorar la necesaria auditoría y vigilancia de las nuevas tecnologías en las elecciones, y no puede limitarse únicamente a aquellas auditorías superficiales de la transmisión de datos de los resultados electorales.

Las próximas elecciones en la región presentan una oportunidad para explorar pilotos que vigilen los fenómenos antes descritos y colocar a Latinoamérica a la vanguardia, armonizando tecnología, democracia y ciudadanía.

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  • En Parte II desarrollaré los temas relacionados con privacidad, equidad digital y acceso a Internet y su rol en los procesos electorales.

Fellow @StanfordHAI, co-Founder <A+> Alliance https://aplusalliance.org/, Author @globalvoices + @eldiarioes, Board @creativecommons, #DigitalColonialism writer

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